POR FAVOR, NO HABLE CON EXTRAÑOS

POR FAVOR, NO HABLE CON EXTRAÑOS

No me referiré a ninguna obra individual, ni artista en particular, o en el caso, sobre la
modalidad existencial o significativa que pueda tener hoy el crear algo, sea bajo cualquier
disciplina que involucre la imagen. No tengo interrogantes sobre la causa “metafísica”
que invade al sujeto cual produce una obra, ni de su valor estético, apelando al juego
de la semántica y morfología. Sino tal vez, en la medida en que se pueda, hacer una
diferenciación social del placer o juicio actual. Refiriendo a que mientras se generan cada
vez más valores estéticos, en cierta forma, disminuye la posibilidad de un significado
intrínseco.

Nos encontramos en un mundo nuevamente educado a través de la imagen. Sin embargo,
en la situación actual, el arte, en su rápida forma de reproducción y alentado por los
mass media, provee en el artista una liberación en lo que refiere a limitaciones, teniendo
cualquier material y medio a su disposición, pudiendo generar lo que denominaría como
goce inmediato de constante superación, debido a su misma levedad. Utilizando, en la
actualidad, la tecnología como recurso para este fin, convirtiendo así, la percepción del
mundo en algo estético. Quedando no más que aceptar, como decía Baudelaire, el juego
de la modernidad.

El artista actual es víctima de una desesperada pulsión por maravillar, ya he citado en
reiteradas oportunidades una frase del gran Dalí sobre esta actitud, la misma “Todo éxito
se genera luego de un gran escándalo y toda fortuna luego de un gran crimen” Pero para
llevar a cabo esta empresa se requiere conocer métodos. Si bien, muchas veces resultan
literales, en referencia a la frase escrita más arriba, el público, confiando su percepción
al “artista”, obediente se conforma con su gusto y este, mediante artimañas inicuas, se
regodea con su título. Esto también lo podemos denominar kitsch. Palabra de origen
alemán de mediados del siglo XIX. Creada como objeto de rechazo, para luego convertirse,
en la corriente posmoderna, en objeto de reflexión.

Mediante la actitud kitsch, el arte se abre paso hasta el entorno del hombre medio.
Inmerso bajo el ejercicio de lo cotidiano y mediocre. Donde la creación artística no tiene
otro fin que la sola representación estética, basada en el juicio actual del gusto, cual
se detiene al encontrar sensaciones placenteras, estas, con falta total de compromiso;
proporcionando el solo hecho de un pasatiempo generador de un placer casual más
allá del efecto. Aquel deseo de que a todos agrade y que por todos se comparta, sin
separar lo puro de lo efectista, pisoteando la jerarquía de valores. De aquí proviene el
carácter poético del kitsch. En un párrafo del libro La insoportable levedad del Ser, el
maravilloso Milan Kundera, expone este fenómeno como un acuerdo categórico con el
ser, desenmascarando un ideal absurdo que oculta la realidad de la condición humana.

“Si hasta hace poco la palabra mierda se reemplazaba en los libros por puntos suspensivos,
no era por motivos morales. ¡No pretenderá usted afirmar que la mierda es inmoral! El
desacuerdo con la mierda es metafísico. El momento de la defecación es una demostración
cotidiana de lo inaceptable de la Creación. Una de dos: o la mierda es aceptable (¡y
entonces no cerremos la puerta del W.C!), o hemos sido creados de un modo inaceptable.
De eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en
el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético
se llama kitsch. M.K”

Kundera ve al kitsch como "la negación absoluta de la mierda” Cualquier sentimiento, al
ser de apreciación colectiva, es considerado aceptable

“El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La
primera lágrima dice: ¡Qué hermoso, los niños corren por el césped! La segunda lágrima
dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños
corriendo por el césped!

Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch. M.K”

El mal gusto del público y su necesidad de apasionarse con "verdades" baratas, ha
generado una desvalorización. Si anteriormente el descubrimiento de una imagen
de cualquier carácter, era producto de magnas sensaciones, hoy en día, se ha vuelto
vulgar, desvalorizándose. Nos encontramos que cualquier mancha de café derramada
accidentalmente sobre una superficie blanca, es una obra de arte y el causante un
artista, un Pollock. Sin considerar ningún tipo de código visual, ni siquiera aquellos
que posteriormente deben de superarse, porque para superar algo, antes debemos
sobrepasarlo intelectualmente. En vez de esto nos encontramos con la vocación a las
revistas de moda y la televisión, cuales elaboran mensajes sin contenido que se esparcen
y mal educan sociedades. La expresión del artista es ignorada, hablo de aquella que es
tentada por su Alma para opacar el vacío superfluo que a manera de letargo, contagia
y se multiplica. Y si bien, como dice Esteban Arriaga: "Ninguna obra de arte es un
resultado definitivo, sino una aproximación hacia ese misterio inefable al que se dirigen
los creadores." El hombre debe emprender su camino hacia ese lugar interior, donde el
artista es un desencantador.

Mariano Rodríguez
www.marianofotografia.com.ar